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Residencia de la familia Fontaine, Quiberon, Francia

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Residencia de la familia Fontaine, Quiberon, Francia

Mensaje por Invitado el Dom Sep 07, 2014 8:41 am



Fontaine Manor
Invitado

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Re: Residencia de la familia Fontaine, Quiberon, Francia

Mensaje por Invitado el Dom Sep 07, 2014 9:03 am

Todo había sucedido con rapidez, demasiada para mi gusto. Mamá decía que aquello era lo habitual y que mi prometido me gustaría, más yo me encontraba impaciente y nerviosa. Nunca había sido una muchacha superficial, si bien opinaba que era muy necesario el hecho de que una pareja se atrajera físicamente además de compartir intereses comunes, pensé emitiendo un suspiro mientras daba vueltas en la gran habitación que me había sido asignada en aquella casa, tan extraña para mi y que más pronto que tarde terminaría convirtiéndose en mi hogar. Era tal la desesperación que reinaba en mí en aquellos instantes que lo único que acertaba a hacer era desmenuzar un pergamino sobre el cuál había tratado de escribir mis votos matrimoniales.

Algo en mi interior se rebelaba ante la idea del matrimonio concertado, si bien siempre había sabido que aquel era mi destino. Que lejanos eran los días en los que Kristopher y yo dábamos paseos bajo los árboles del camino hacia Hogsmeade, lugar donde me confesó por primera vez su amor. Suspiré sonoramente mientras continuaba dando vueltas y más vueltas por la habitación, como una gallina descabezada. Una gallina descabezada que pronto conocería a su gallo descabezado. Nadie había querido ayudarme para saber como era mi prometido, quizá porque era repulsivo. Quería huir, mi mente no conseguía hilar pensamientos, en lugar de eso, aparecían, inconexos, en el vacío de mi mente.

Y de pronto, una voz, casi un susurro inaudible llegaba de escaleras abajo. Suponía que él era mi prometido. Jerome Fontaine. Contuve como pude las lágrimas, totalmente decidida a esforzarme en que nuestro matrimonio funcionara. Más una idea germinó ¿Porqué no tratarlo mal? ¿Porqué no hacer que él mismo fuera el que rompiera el compromiso? Sabía que mis padres no lo permitirían pero quizá, esperaba en lo más profundo de mi mente, los suyos si. Me miré al espejo un par de veces, recolocando la ropa de estilo muggle que llevaba, pues sabía de primera mano que era lo que acostumbraba a llevar Jerome. Y una vez preparada, salí de la habitación con paso firme y decidido. Me paré unos instantes en el inicio de las escaleras y comencé a bajar. Él hablaba con su padre de espaldas, aunque en el instante en el que escuchó unos delicados pasos, calló. Nuestras miradas se cruzaron.

Que perfecto espécimen del género masculino tenía ante mis ojos. Mi corazón dió un vuelco al verle, no lo voy a negar. Sus ojos verdes llamaban la atención, haciendo un perfecto conjunto con su pelo rojo. Ojalá aquello significara que era un hombre ardiente y amoroso, pues sabía que, sin eso, terminaría marchitándome como una rosa en un jarrón.
Invitado

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Re: Residencia de la familia Fontaine, Quiberon, Francia

Mensaje por Invitado el Dom Sep 07, 2014 10:02 am

Estaba agotado. Me había pasado toda la noche trabajando en el invernadero y no había logrado ningún avance. Ya sabía yo que no había sido una buena idea confiar el cuidado del invernadero a mi familia mientras yo estaba en ése seminario de herbología en Egipto.

Para mi regreso, todo estaba peor que cuando lo dejé: las plantas deshidratadas, los sacos desparramados... Una barbarie. Así que desde hacía dos semanas, comía, dormía e incluso me bañaba en el invernadero, sin llegar a ver la luz del sol a ningún ser vivo, salvo mis plantas y mi elfo personal Grouch, claro.

Así que cuando Grouch se apareció en el invernadero, con la respiración acelerada para decirme que mi padre reclamaba mi atención, me figuré que lo más probable era que mi madre se hubiera empezado a preocupar y le hubiera pedido a mi padre que me persiguiera. Sin embargo, la duda asaltó mi cabeza en el momento en el que me disponía a salir del invernadero, con mi traje y mis botas calzadas y Grouch empezó a balbucear que volviera a entrar y me cambiara a mi mejor traje. Conocía muy bien lo que pensaba mi madre acerca de que entrara en casa con la ropa de trabajo, pero no imaginaba que su quisquillosidad se hubiera acentuado hasta tal punto que para poder entrar en mi propia casa tuviera que vestirme con mi mejor traje. Sin embargo, no hice ni una pregunta y me dediqué a cumplir con las ordenes que me habían dado.

Al cabo de unos minutos, empecé a subir la cuesta que separaba el invernadero con el edificio central, enfundado en un traje marrón. Abrí la puerta trasera de la casa, sorprendiéndome al encontrar a mis padres de pie frente a ella. - ¿Éso es lo que entiendes tu por tu mejor traje? - preguntó mi madre horrorizada. - Clarisa, por Merlín - la sermoneó mi padre - la chica puede bajar en cualquier momento - ¿Adara está aquí? - pregunté sorprendido, pues creía recordar que el día anterior Grouch me había dicho que se había ido una semana fuera. - No, Adara sigue fuera. - dijo mi padre soltando un suspiro y acercándose a mi. - hijo, van a cambiar muchas cosas en ésta casa. Eres ya todo un hombre a ojos del mundo, y no podemos permitirnos que en los tiempos que corren ignorarlo. - dijo mi padre, mientras clavaba con seriedad sus ojos en mi expresión confusa. Lo cierto es que para aquél entonces yo ya me había perdido en la conversación. Si no era Adara quién se encontraba arriba ¿Quién diantres era "la chica" de la que hablaban? - Cariño, lo que tu padre trata de decir es que ya es hora de que te comprometas. Sí, no me mires así, todos sabíamos que algún día ésto tenía que llegar. - Sí, lo sabía. Pero en mi mente aquél día caía sobre mis 50, cuando me costara ver bajo las lámparas del invernadero y las manos me dolieran tanto que ya no pudiera coger ni un rastrillo. Pero mientras tanto, mientras pudiera dedicar toda mi atención a mi trabajo ¿Porqué tenía que labrarme una absurda vida social? - Madre, entiendo vuestros motivos, pero creo que... - ¡Oh por el amor de dios Jerome! no me seas crío, hemos hecho demasiado permitiendo que llegases a tu edad sin ni si quiera un romance, y no pienso consentir... - en ése instante mi padre calló, y se giró en dirección a la escalera que daba al primer piso. Mis ojos siguieron su trayectoria, para encontrarme con que en los primeros escalones había una joven de ojos claros y cabello dorado que se miraba la escena. Parecía toda una reina, de hecho me lo hubiera bien creído si me lo hubieran dicho, de no ser porqué en sus ojos había algo que la delataba, juventud o quizás miedo, no era un poeta y desde luego no era capaz de describir aquello.

La sala se quedó en un silencio aplastante, y parecía que nadie iba a soltar palabra hasta que mi madre, como buena mediadora que era, pasó a la acción. - Jerome, permíteme que te presente a Ildiko Chevchenco, la joven de la que te estábamos hablando. - Su mano se clavó en mi espalda, empujándome para que la acompañara hasta la altura de la chica:- Un placer. - logre balbucear desconcertado ante aquella encerrona. Desde luego, lo último que esperaba al salir del invernadero era que me dijeran todo aquello.
Invitado

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Re: Residencia de la familia Fontaine, Quiberon, Francia

Mensaje por Invitado el Dom Sep 07, 2014 12:51 pm

No había podido escuchar nada de la anterior conversación, tan sólo sabía, gracias a la madre de Jerome, que había versado sobre mi misma. Ojalá estuviera mi madre allí para ayudarme a superar aquello. Mis temores de no querer casarme se mezclaban con los que toda adolescente tenía ¿Y si no le gustaba? Sería una auténtica deshonra para mi familia. Debía mostrarme educada, cortés, amable y sonriente, a pesar de que el muchacho pareciera tan azorado como yo. Con veintitrés años que tenía no me extrañaba lo más mínimo que se encontrara en el mismo estado de nerviosismo que yo misma. Cuando terminé de bajar las escaleras su madre fue la que hizo que se acercara a mi. Sonreí ante sus palabras y me respondí inmediatamente, con algo de timidez, aunque sin hacer que mi voz perdiera la dulzura que la caracterizaba:

-El placer es mio, señor Fontaine... ¿O debería llamarle Jerome?-me pregunté a mi misma en voz alta enrojeciendo casi al instante. ¿Porqué tendría esa estúpida manía de decir las cosas en voz alta? ¿Y porqué nadie me había preparado para un encuentro así? Tan sólo sería un fin de semana, gracias al cielo, porque era probable que no aguantara más de dos días bajo aquella tensión. Suponía que todo sería muy diferente sin sus padres delante, pero tampoco me atrevía a invitarle a dar un paseo por el jardín. Algo inquieta, me revolvía en el vestido que mi madre había encargado para la ocasión. Era cuestión de segundos que comenzara a sudar del puro nervio que me invadía en aquellos instantes.

Miré hacia ambos lados, como buscando una ayuda que no parecía ir a encontrar y me resigné a que si alguien debía hacer algo, esa era yo misma. Pero... La cuestión era que hacer. Apenas sabía nada de él, y lo poco que sabía no me interesaba en absoluto. Él era un erudito de la Herbología y yo prefería tratar con las personas. Tan sólo el vernos uno al lado del otro se veía lo diferentes que éramos... Aunque al menos tendríamos la seguridad de que nuestros hijos serían esbeltos ¡¿Pero que dices Ildiko?! ¿Ya te resignas a tu suerte? Por el momento no me quedaba remedio alguno, aunque quizá... Dependiendo de los acontecimientos podría librarme de aquel hombre que apenas era capaz de hablarme.
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Re: Residencia de la familia Fontaine, Quiberon, Francia

Mensaje por Invitado el Dom Sep 07, 2014 1:30 pm

Al oír su respuesta, tan solo pude esbozar una media sonrisa. Por su actitud estaba claro que aquella chica tampoco había estado esperando aquello. Y si bien lo esperaba lo disimulaba muy bien. De nuevo, mi madre intercedió en la conversación:- Puedes llamarlo como quieras, cariño. Hacéis una pareja adorable... ¿Os gustaría dar un paseo? Jerome tiene su invernadero en el exterior, seguro que querrá enseñártelo. - Mamá... no va preparada. - dije, echando un vistazo descuidado a la indumentaria que llevaba. - Vamos Jerome no me seas quisquilloso. - dijo mi madre, con tono desenfadado tras soltar una risita pero con los ojos llenos de fuego. - Anda, estoy segura que a malas tendrás un traje de sobra guardado. - dijo mi madre, mientras tomaba nuestras manos y las entrelazaba, para luego empezar a empujarnos por la puerta por la que había entrado.

Rojo como un tomate, me dejé llevar al exterior de la casa, para luego mirar por encima del hombro con asombro como mi madre se encargaba de cerrar la puerta y se quedaba contemplando tras ella. - ... Perdona por todo ésto, mis padres están un poco... "emocionados" con... ésto. - dije, haciendo un leve movimiento con mi mano entre nosotros. - ¿Quieres dar un paseo? - pregunté, ofreciendo mi brazo torpemente, mientras me daba cuenta de hasta que punto iba perdido con los protocolos. - Ah, y sobre lo del nombre, puedes llamarme como te sea más cómodo, aunque por tu expresión imagino que lo más cómodo para ti sería llamarme por el nombre del cordero. - dije, con una tímida sonrisa en los labios y la cabeza baja.
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Re: Residencia de la familia Fontaine, Quiberon, Francia

Mensaje por Invitado el Dom Sep 07, 2014 3:32 pm

Al ver como Jerome esbozaba una media sonrisa me dije a mi misma que mis planes podían esperar. O quizá no. Enrojecí, esta vez de rabia al escuchar al chico mientras me miraba de modo despectivo, o al menos fue ese mi modo de interpretarlo. Las cosas no estaban saliendo ni como deseaba ni como esperaba. Siempre me habían dicho que los franceses eran de lo más apasionado, pero no me servía de nada un esposo apasionado tan sólo por las plantas, tal y como dejaba claro. No obstante opté por sonreír. Ya se enteraría más tarde de quien era Ildiko Chevchenco.Dejé que la madre de Jerome entrelazara nuestras manos, momento que aproveché para acariciar delicadamente el dorso de su mano con el pulgar, gesto que pasó desapercibido para sus padres. Parecía un chico tímido... No sería nada difícil espantarle. Continué con la mano agarrada mientras me llevó lejos de la vista de sus padres. Aquel era el momento de comenzar a actuar para ganarme a pulso el futuro que deseaba y no el que mis padres me imponían:

- Por supuesto Jerry, demos un paseo- Oh si, mi pequeño incauto, vas a ver lo que es caer en las garras de una auténtica mujer... A pesar de que esta sólo tenga dieciocho años. Caminamos unos instantes en silencio hasta que llegamos a su invernadero. Aquel era el lugar perfecto. Desvergonzada y ardiente, ese era mi papel. Debía asustarlo, deshacerme de él, pues sabía que el domingo llegarían mis padres para fijar todos los detalles. Miré alrededor, examinándolo todo. Si bien nunca había sido una auténtica apasionada de las plantas mágicas (Prefería cultivar flores) reconocía muchas de las variedades que allí se encontraban:

-Es precioso, Jerry... Espero que cuando viva aquí me dejes un rinconcito para mis flores. Respecto a lo de tus padres... No te preocupes, yo misma no estaba emocionada al saber de la noticia pero...-poco a poco iba arrinconándolo contra una esquina, sin más necesidad que una cara digna de Megan Hurley y unos cuantos pasos hacia él. El momento en el que la espalda de Jerome tocó la pared, concluí- Ahora que te he visto, todo cambia...-dije susurrándole al oído esas palabras y terminando con un pequeño mordisco en el lóbulo de la oreja. Si eso no lo hacía huir debería pasar a la siguiente técnica.
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Re: Residencia de la familia Fontaine, Quiberon, Francia

Mensaje por Invitado el Dom Sep 07, 2014 4:22 pm

De la mano de aquella chica volví a descender el camino que llevaba al invernadero, sin poder evitar pensar que para tanto rodeo podría haber bajado ella misma por su propio pie hasta allí y así me hubiera podido invertir todo ése tiempo en todo el trabajo que aún me quedaba en el invernadero.

Abrí para ella la entrada del invernadero y eché un vistazo rápido a mi zona de trabajo. Desde luego, seguía tan desastre como la había dejado. Sin embargo, me di cuenta de que había una mandrágora de aspecto deshidratado, por lo que tomé el aparato muggle que usaba para rociar las plantas (pues me permitía mezclar el agua con otros componentes químicos) y le eché dos chorritos por encima.

En ése instante escuché la frase de la chica a mis espaldas, de la que me di cuenta que ni si quiera recordaba su nombre, por lo que me di la vuelta para tratar de responderle, cuando de repente vi como la chica empezaba a acercarse más y más a mi. Aturdido, eché a andar hacia atrás, aún con el aparato rociador en la mano, mientras miraba asustado la expresión de aquella chica. Creí y con razón que aquella chica iba a comerme.

Cuando noté sus palabras junto a mi oído, apreté inconscientemente el aparato, logrando que un chorrito se escapara en el aire. Aprovechando la distracción exclamé:- Traje... ¡traje! ¡necesitasuntraje! - solté sin respiración, mientras me iba a paso acelerado hacia el otro extremo del invernadero, donde tenía almacenado mi segundo equipo. - Ppueeddes ussar ésste si quieeres. - dije sin poder evitar balbucear, mientras me iba a uno de los grifos que había junto al lado y me salpicaba la cara completamente roja de agua. Una vez terminé con aquello, volví a centrar mi atención en ella para decir:- Bueno, cuéntame ¿estás estudiando algo ahora? - pregunté, tratando de desviar la conversación, pues a mis ojos no parecía mucho más mayor que algunos de mis primos.
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Re: Residencia de la familia Fontaine, Quiberon, Francia

Mensaje por Invitado el Dom Sep 07, 2014 6:09 pm

Me aparté hacia atrás con cara un tanto asombrada. Bien, probablemente de seguir por aquel camino terminaría muriendo de un ataque al corazón de modo que aquello me evitaba el compromiso con un hombre que si bien atractivo, parecía carecer de cualquier otro encanto. No dije nada sin embargo, me limite a sonreirle de manera enigmática. Me encantaría saber que era lo que estaba pensando, más nunca pude aprender Legeremancia y no podía de ningún modo aprenderla en aquel momento, pues sabía que tanto él como sus padres eran conservadores hasta la médula. No omití el detalle de que estudiaba en la Academia, lo mejor era espantarlo de cuantas más maneras posibles:

-Estoy en el primer año para llegar a ser Sanadora Infantil, y comenzaré en breves el curso en la Academia de Artes Experimentales para estudiar Sanación Antigua y de este modo poder ayudar mejor a los niños, muchas veces los remedios antiguos son los que mejor funcionan-comenté mientras veía como al pobre hombre casi moría deshidratado del sudor que había provocado yo misma. La verdad era que no quería que lo pasara mal... Pero tampoco quería verme atrapada en un matrimonio sin amor, de modo que seguí insitgándole de la única manera que por el momento se me ocurría:

-Me gusta mucho como tienes esto de cuidado... Espero que me cuides a mi así de bien-dije de manera sincera. No sabía porqué demonios acababa de decir aquello, pero el caso era que lo había hecho. Debía hacer algo para compensar, pero no se me ocurría el que. Ah, si que se me ocurría. Ni corta ni perezosa, y tras escuchar su contestación con una sonrisa, me desabroché el vestido y me lo quité:

-Es como un bikini, no te preocupes -avisé de modo condescendiente mientras atravesaba el invernadero hasta donde dijo que tenía guardado el traje- ¿Donde podría ponerlo y que no se manchara? Mi madre me lo acaba de regalar... Por curiosidad ¿Sabes algo de mi? ¿Recuerdas siquiera mi nombre?-pregunté medio enfadada girándome de improviso. La verdad era que tenía curiosidad por saber si aquello había sido una encerrona para él o si le habían contado algo de mi, al igual que si había prestado atención a algo de lo que le habían dicho. No me sentía a gusto allí, me sentía desnuda y no por el hecho de realmente estarlo, si no porque sabía que debía abrirme a aquel hombre para todo y él por lo que parecía no estaba dispuesto a pensar más que en sus plantas..
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Re: Residencia de la familia Fontaine, Quiberon, Francia

Mensaje por Invitado el Dom Sep 07, 2014 6:50 pm

Lo más parecido que había estado en la vida de socializar con alguien había sido cuando había estado estudiando en Hogwarts y había mantenido con Pomona largas tardes de charla sobre botánica. Estaba claro que, nada de todo lo aprendido entonces podía ayudarme con el ejemplar que tenía ante mi.

Pero al escuchar la respuesta de aquella chica a mi pregunta me permití confiarme cometiendo un craso error, pues no tenía ni la más mínima idea de lo que me esperaba después. - Oh ¿así que quieres ser Sanadora Infantil? Conozco a alguno de ellos, si quieres podría procurar que charlaras con ellos. - dije, pues a lo largo de los años, me había convertido en el principal proveedor de plantas y especias mágicas de Francia, por lo que la mayoría de medimagos, sanadores e incluso cocineros acudían a mi para cubrir sus necesidades.

Escuchar el alago de la chica provocó en mi una sonrisa triste. Lo cierto era que, hasta hacía unos minutos, no conocía ni el más remoto detalle de aquella chica, y ahora, al parecer, era justo la chiquilla que algún día se convertiría en mi mujer. Pensar en aquello me desconcertó, pero decidí ser cortés y responder al halago:- La verdad es que todo ésto es un duro trabajo, mantenerlo así me ocupa la mayor parte del tiempo... bueno, así no, normalmente está mejor, ésos sacos están ordenados y las plantas tienen mejor aspecto - dije, mientras iba señalándolo todo nada más mencionarlo. Cogí de nuevo el cacharrito rociador y empecé a fumigar un par de plantas, quedando de espaldas a la chica.- Ya hace unos días que regresé de una conferencia en Egipto, y para cuando volví me encontré ésto como tres veces peor... - en ése instantes, me giré alarmado, pues de nuevo aquella chiquilla había hablado, cortando así mis palabras. El fumigador se me cayó al suelo del asombro y mis ojos se abrieron como platos. ¡¿Qué clase de costumbres tenían en su país como para andarse desnudas por lo sitios?! A decir verdad no estaba completamente desnuda, porque llevaba ropa interior, pero aún así aquello era ir desnudo... VALE, DEFINITIVAMENTE TENÍA QUE DEJAR DE MIRARLA.

Me giré de golpe, clavando de nuevo mi mirada en las plantas, escuchando como ella se movía hasta allí. Aturdido, señalé el lugar donde podía dejar el vestido y coger un traje sin siquiera atreverme a mirarla. Sin embargo, cuando me preguntó por ella, no pude evitar mirarla de nuevo para responder:- Todo lo que sé es lo que me acaban de contar... y lo que veo claro. - dije, mientras me volvía a girar sonrojado, pues de nuevo me había dado cuenta de que me había quedado mirándola por un rato. ¿Qué me pasaba? Normalmente tenía la cabeza llena de plantas ¿porqué, entonces, tenía interferencias? - Hasta hace unos minutos ni si quiera sabía que me habían organizado un matrimonio. - dije, mientras recuperaba el fumigador y volvía a mi tarea, ocupando así mi cerebro en algo que no fuera la idea de que había una chica desnuda en mi invernadero. - ¿A ti te han contado algo sobre mi? - pregunté, realmente curioso, pues me interesaba saber qué era lo que había llevado aquella chica hasta allí.
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