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Crashing Skies | Privado, Robert H.

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Crashing Skies | Privado, Robert H.

Mensaje por Invitado el Sáb Ene 23, 2016 10:25 pm

Whitley Bay, Inglaterra
Ubicacion exacta ???


Había sido un viaje terriblemente largo y era mejor que valiera la pena, la seguridad había estado hasta arriba en su lista de prioridades pero tampoco había estado dispuesto a hacer sacrificios tan grandes, aunque había querido mantener un perfil bajo en su llegada al lugar sin embargo tampoco se pensaba arriesgar del todo, había reunido solo un par de hombres que lo llevaran hasta el lugar y una vez lo dejaran se alejarían de ahí, según lo que le habían dicho en una ocasión, era mejor evitar alterar a la persona con quien se iba a encontrar, no tenía idea de quien era y mucho menos si era realmente la clase de persona que decía ser, pero se encontraba en una situación que se estaba tornando desesperante y estaba dispuesto a recibir cualquier tipo de ayuda, claro, cualquier ayuda “normal” ya había tenido suficiente con los mágicos y sus estragos.

—Señor ¿Está seguro de esto?— Preguntó uno de los escoltas que venían con él en el auto —Ya no estoy seguro de nada, pero supongo que se puede intentar obtener ayuda— Le respondió al escolta y después de eso les dio instrucciones de mantenerse alejados del lugar, a espera de su llamado para recogerlo una vez acabaran la reunión.

El auto se alejó con los escoltas dentro y Nicholas se quedó ahí, parado en lo que parecía ser el medio de la nada, no estaba del todo seguro de lo que fuera a pasar, pero de lo que si estaba seguro era que no estaba solo en ese lugar.
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Re: Crashing Skies | Privado, Robert H.

Mensaje por Robert Hegel el Dom Ene 24, 2016 11:09 pm

Dos noches atrás
Londres, Inglaterra

El mundo se estaba sacudiendo demasiado, la prensa mágica lo había puesto de manifiesto en sus últimas ediciones de El Profeta y él estaba más que enterado, de hecho… todo lo que ocurría lo había previsto de alguna manera según los patrones observados y todo esto servía para que él desconfiara cada vez más del famoso Ministerio de la Magia y su capacidad para manejar el mundo. Supuestamente eran mejores, más ‘evolucionados’ y ‘perfectos’, pero mes a mes desde que Robert había ingresado como cadete al ejército norteamericano hasta la actualidad, todo empeoraba avanzando hacia una casi irremediable guerra cuyo final era impredecible.  No hace mucho había tenido la oportunidad de hablar con una funcionaria de esa entidad mágica y aquella charla tan solo había apoyado sus teorías, de los labios de aquella mujer había oído que todo estaba bastante mal y que al poder no había más que una manga de ineptos peores que monos de circo, ¿cómo explicaban que una autoridad máxima muriera así tan sádicamente? Con algo así, ¿el mundo podría sentirse seguro? Y mientras esas cosas pasaban por su cabeza, el habano se consumía entre los dedos del castaño mientras que sus ojos descansaban en el danzar de las llamas, cuya coreografía se realizaba sobre tres troncos en la chimenea ubicada justo frente al sofá en el cual se encontraba. El golpeteo de la lluvia se oía tímidamente en la ventana, pero él no se percataba de ello, pues su cabeza estaba demasiado ocupada como para prestar atención a un fenómeno climático tan típico de esos días.

Era pasada la medianoche y se había terminado ya su segundo vaso de whisky, estaba cansado y un poco maltrecho, pues la noche anterior había estado en una misión que por poco falló a causa del error de un novato, pero por fortuna no hubo pérdidas que lamentar y tan solo heridas que curar, como el balazo que había perforado su brazo izquierdo. Se había medicado con calmantes y la mezcla con el licor habían resultado, para su beneficio, en un perfecto efecto analésico. No esperaba interrupciones, tan solo quería acabarse ese habano e irse a dormir, pero entonces sonó la puerta. Cerró los ojos y suspiró. No tenía que pensar demasiado sobre quién era, obviamente se trataba de Fénix, su asistenta y subalterna -Robert… ¿estás despierto?- preguntó la muchacha acercándose, venía sola y traía un archivo en la mano. -Quisiera no estarlo- respondió y le dio una calada a su puro para luego botar el humo lentamente. -¿Por qué estás aquí a esta hora?- inquirió el castaño alzando una ceja y mirándola de reojo en cuando ella estuvo a su lado. -Porque hay un asunto importante que debes atender… y yo no puedo irme a dormir cuando esas cosas pasan...- dijo ella extendiéndole el archivo. -Es el primer ministro… quiere verte- agregó y lo miró con expectación. -¿Qué?- el mayor miró el archivo y luego a ella fijamente -¿Cómo demonios llegó el primer ministro a enterarse de nosotros?, ¿qué quiere?- no podía decir que no le daba un poco de temor el hecho de que una autoridad así lo contactara, jamás había pasado y nunca lo habría esperado. -No lo sabemos, Robert, pero sus intenciones no nos perjudican, dio a entender que necesitaba ayuda, pero no especificó nada... de todos modos es seguro o yo no estaría aquí- dijo la muchacha encogiéndose de hombros para después extenderle el papel con la información de la cita, la cual se llevaría a cabo en Whitley Bay en el cuartel ubicado en una cabaña junto a la playa. Luego de eso lo dejó a solas, de ahí en adelante el caso estaba en mano del líder.

11:00 am
Cabaña de la playa, Whitley Bay

Había arribado una hora antes del encuentro con cinco hombres, todos armados con lo justo y necesario. Le parecía curioso tener una reunión con el primer ministro, ¿qué era tan urgente e importante como para que él tomara una medida tan desesperada como contactarlo a él y a sus hombres? La instalación estaba en perfecto estado, Robert tan solo tuvo que ordenar un poco el pequeño salón en donde estaría con el señor Mahoney y luego se dedicó a observar el océano que se agitaba unos metros más allá del ventanal. Era una vista relajante, el mar era una de las cosas que más le gustaban y estaba seguro de que, cuando se retirara de todo, aquel cuartel íba a convertirse en su casa, pues de todos modos lo era, solo que estaba adaptado para servir de instalación para los Black Berets. Y mientras se llenaba de aire marino, sus hombres se ubicaban en puntos estratégicos con la intención de vigilar y evitar que cualquier intruso fuese a meter su nariz por allí.

-General, el paquete está en casa- informó uno de los centinelas por el comunicador y el castaño asintió torciendo una leve sonrisa. -Está bien, Chris… hazlo pasar- pidió a otro de los muchachos que estaba disfrazado de civil para pasar lo más inadvertido posible. El muchacho se acercó al primer ministro y le hizo un gesto para que siguiera el sendero que comunicaba con la entrada principal de la cabaña, dándole a entender que estaba abierto y que el hombre al cual buscaba estaba allí dentro. -Tío Sam en camino- informaron cuando Nicholas emprendió camino una vez señalado el sitio al cual debía ir. -Recibido. Cambio y fuera- y dicho eso Robert apagó el comunicador para asegurar la confidencialidad de la conversación y aguardó a que la autoridad ingresara en la cabaña. Trataba de no predisponerse a lo que pasaría si sacar conclusiones apresuradas de los motivos que habían traído al primer ministro a un lugar que quedaba a cinco horas de Londres.
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Re: Crashing Skies | Privado, Robert H.

Mensaje por Invitado el Lun Ene 25, 2016 1:43 pm

No podía evitar sentir una mezcla de emociones, en parte sentía algo de curiosidad, solo había oído ligeramente de este grupo y aun así todo lo que concernía a ellos estaba rodeado de misterio, y tampoco podía evitar una ligera carga de nervios, no tenía idea de que esperar, que comentarios oír ni que reacciones iba a tener en esta reunión, pero también mantenía una pizca de optimismo, después de todo esta reunión no podía ser peor que sus “reuniones” con la ya difunta ministra de magia, no podía negar que había intentado más de una vez tener un poco más que relaciones de convivencia pacífica con los mágicos, había querido poder trabajar con ellos, después de todo por mas magia que tuvieran no dejaban de ser ciudadanos Ingleses y por tal motivo debían mostrar un poco más de comprensión ante las constantes amenazas que incluso ellos desataban en el mundo pero su ministra jamás había mostrado una actitud muy positiva a la hora de trabajar con Muggles, para ella la magia era más que poder era autodenominarse superior sobre todos y todo, no podía olvidar todas las veces que ella a penas y se dignó a entrar a su oficina por un par de minutos antes de abandonar el lugar alegando que estaba perdiendo su valioso tiempo, pero en fin, todo esto ya era algo del pasado, los mágicos ya no eran la mejor opción para trabajar en conjunto, debía buscar dentro de su propia gente y eso era lo que llevaba a estar en este lugar, buscar Muggles que no hicieran lo que todos hacían, si bien todo estaba rodeado de misterio, debía entrar y buscar ayuda o más que ayuda cooperación con aquellos que estaba a punto de conocer.

Ante la llegada de aquel sujeto no hizo más que asentir y empezar el recorrido hacia la ubicación que desconocía realmente, a simple vista parecía una cabaña cerca al mar, no podía evitar mirar de reojo sus alrededores mientras caminaba hacia la entrada, el lugar estaba sospechosamente desolado pero eso solo era señal de que debían estar rodeado por quien sabe cuántos más, antes de entrar a la cabaña solo miro al sujeto que lo había escoltado, asintió y entró al lugar, a la espera de algún movimiento, alguna palabra, alguna señal
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Re: Crashing Skies | Privado, Robert H.

Mensaje por Robert Hegel el Lun Ene 25, 2016 3:53 pm

Escuchó la puerta y miró hacia un lado, el Primer Ministro estaba dentro de la cabaña. Tomó aire y se alejó del ventanal para salir de la salita y dirigirse al recibidos donde seguro el señor Mahoney estaba esperando por alguna clase de recibimiento. -Primer Ministro… es un placer verlo en persona- saludó acercándose al hombre y extendiéndole la mano -Robert Hegel- agregó presentándose y manteniendo la mirada fija en su nuevo cliente, pues al final de cuentas era eso y uno bastante importante. -Mis disculpas si no ha sido de todo su agrado el venir tan lejos de Londres, pero mis hombres estimaron conveniente y seguro el celebrar esta cita en un lugar más apartado...- le hizo un gesto para que lo siguiera y se dirigió a la salita donde tenía todo dispuesto para charlar más cómodamente. -Entiendo que quería tratar un asunto bastante delicado, no dio detalles a mi contacto y no puedo decir que no estoy intrigado. Normalmente autoridades como usted jamás nos contactan, porque no nos conocen y… nosotros no deseamos que nos conozcan, ¿whisky?- se acercó al mueble donde tenía los licores dejando que Nicholas se sentara donde quisiera, cualquier sitio era cómodo, pues la estancia estaba bien amoblada, todo fina y cuidadosamente seleccionado por él.

-No quiero que me malentienda, señor Mahoney, pero hemos preferido que solo las agencias gubernamentales que siguen en pie estén al tanto de nosotros por asuntos de negocios. Sé que usted sabe que hay asuntos difíciles de arreglar, basura que nadie quiere limpiar, pero que molesta y para eso afortunadamente estamos nosotros. Quisiera que usted mantuviera el secreto y que no nos hiciera conocidos, no queremos fama y no necesitamos auspicio- sirvió un par de vasos y se acercó a él para pasarle uno, si no deseaba beberlo, podía dejarlo a un lado, pero prefería dejarle uno a mano, el whisky era tentador y bueno cuando hacía frío y en Whitley Bay, tan cerca del agua, la humedad solo hacía que lo helado del aire se sintiera con mayor intensidad. -Bajo esa premisa, Primer Ministro, ¿qué es lo que quiere de nosotros?- preguntó tomando asiento en su sitio habitual y acomodándose para ponerle atención a todo lo que él tenía que decir, no quería perderse ningún detalle.

En un rincón estaba encendida la chimenea de pared, el fuego estaba más que vivo, pues Robert se había encargado de que se mantuviera así, tenía la intención de dar una buena impresión. Ni él ni ninguno de sus hombres eran matones de mala muerte, todos eran militares y aunque por supuesto que tenían rasgos psicopáticos, él se había encargado de filtrar, pues no quería asesinos seriales en sus filas. Y por esa razón todo lo que pertenecía a los Black Berets poseía un sello que reflejaba profesionalismo, excepto tal vez los bares en los cuales solía hacer algunas citas, pero eso tenía su razón de ser… el sitio siempre era escogido según la importancia del cliente, pero siempre se encargaba de que a la mano de su contratante llegara un buen vaso de whisky.
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Re: Crashing Skies | Privado, Robert H.

Mensaje por Invitado el Miér Ene 27, 2016 5:20 am

El sitio era bastante interesante, nadie imaginaria que fuera o tuviera algo que ver militares, grupos o lo que fuera, se sentía bastante acogedor si era sincero —Señor Hegel, un placer— Dijo respondiendo al saludo y estrechando la mano del hombre que acaba de llegar, si bien no lo conocía personalmente, se veía de fiar, al menos por ahora —Debo admitir que es bastante apartado, pero supongo que por ahora está bien, cambiar un poco de ambiente tampoco esta tan mal— Entró al lugar que le indico Hegel y se paseó con la mirada por la estancia a medida que entraba, un lugar cálido y agradable, quien diría que en el exterior la temperatura era un asunto totalmente diferente —Si, gracias— Le respondió ante el ofrecimiento de aquel trago.

Se hizo lugar en un sillón que había en el lugar y continuaba observando los detalles de aquella sala mientras escuchaba lo que le preguntaba Hegel —Supongo que es innecesario ponerse a darle vueltas al asunto — Dijo esta vez centrando su atención en Hegel —No diré que soy un experto o todo un conocedor ante las prácticas de su equipo, pero lo que he alcanzado a saber me hace sentir cierta confianza en usted y en ellos para lo que necesitamos— Volteó la mirada hacia la chimenea unos instantes y soltó un pequeño suspiro para volver a mirarlo —Creo que usted es sabedor de que nuestra sociedad no está conformada solo por seres humanos… al menos… seres humanos regulares, ya debe saber que algunos que a simple vista se ven como hombres o mujeres del común, poseen habilidades bastante inusuales— Le explicaba al hombre mirándolo —Aunque claro, como dije para que darle más vueltas al asunto, seres mágicos, hombres, mujeres y hasta niños que poseen la capacidad de manipular el entorno, la realidad misma con solo mover las manos, ellos y estas habilidades han causado grandes dolores de cabeza al estado y claro, solo en una pequeña porción de los casos, se han hecho responsables, pues en la mayoría, asumen que por su naturaleza son seres superiores— Le contaba mientras por su mente pasaban recuerdos de todos aquellos inconvenientes que los mágicos le habían llegado a causar a él, al estado, al mundo y sin embargo ellos no buscaban hacerse cargo de sus daños.
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Re: Crashing Skies | Privado, Robert H.

Mensaje por Robert Hegel el Jue Ene 28, 2016 11:47 pm

Lo escuchó con atención, asintiendo una que otra vez a lo que decía, cosas de las que estaba más que al tanto y con las que lidiaba cada vez con más frecuencia. Opinaba exactamente lo mismo respecto de los magos… dolores de cabeza andante, seres humanos con más habilidades de las que deberían tener, pues muchos de ellos tenían menos cerebro que una mosca y aún así tenían un serio complejo de superioridad. No pensaba que todos eran una piedra en el zapato, conocía a algunos bastante sensatos, de hecho en sus filas habían unos pocos que servían como nexo entre su mundo y el otro con el fin de poder satisfacer a clientes de todas las clases, como aquel que le pidió que matara al vampiro que había pasado de esta vida la noche de año nuevo. Le agradaba estar en la misma sintonía que Nicholas, era una autoridad y su punto de vista pesaba bastante al menos allí en Inglaterra.

No le sorprendía escuchar que él y los suyos inspiraba cierta confianza, esa era la idea, a eso aspiraba y era esa imagen la que siempre trataba de mantener para que ocurrieran cosas como estas; que una autoridad o alguien realmente importante acudiera a pedir ayuda. Sonrió complacido y cuando el hombre terminó de hablar, el castaño se levantó de su asiento bebiendo previamente un sorbo largo de whisky. Se acercó al ventanal y le dio la espalda mientras sopesaba las palabras que acababa de oír, analizando y juntando ideas -Estoy tan al tanto como usted, señor Mahoney… no me atrevo a decir que más porque sería asumir demasiado. Ya he tenido encuentros más que cercanos y he alcanzado a ver muestras de lo peligrosos que pueden llegar a ser, más cuando actúan en grupo- comenzó diciendo mientras sus ojos se perdían más allá del oleaje que se agitaba no muy lejos de donde él se encontraba parado. -Magia con varita, magia sin ella… criaturas de cuento recorriendo las calles e infestando bosques. Luz, oscuridad… espiritismo- suspira entrecerrando los ojos y mordiéndose el labio como gesto pensativo y quedándose unos segundos en completo silencio.

-Supuestamente nos gobiernan porque creen que pueden sostener una sociedad más civilizada, pero ha sido todo lo contrario. Estamos en desventaja y ellos lo saben, ¿para qué impedir el desarrollo militar? Planean algo, señor Primer Ministro… algo que no va a gustarnos, lo veo venir- giró sobre sus talones y lo miró fijamente. -¿Y qué es lo que desea?, ¿qué puedo hacer yo y mis hombres?, ¿desea comenzar una guerra civil o una guerra de espionaje?, ¿o quiere contratarnos como cazadores de aquellos que pasan por sobre la gente inocente? ¿Exterminar, apresar o solo asustar?- bebió otro poco más de whisky dejando el vaso vacío y colocándolo sobre un mueble que estaba a su lado. -Podemos hacer todo lo que usted nos pida, el cómo lo hagamos ya es problema nuestro… la tarea se llevará a cabo independiente de los costos, puede estar seguro de ello y lo mejor de todo es que usted no tendrá problemas y apenas se enterará de lo que pasa- metió su otra mano en un bolsillo y comenzó a caminar lentamente por la habitación.

-Puedo conseguir cooperación mágica de ser necesario, tengo los contactos, solo debo utilizarlos. Conozco gente del otro lado que apoyaría una buena causa. Sin embargo no solucionaríamos el problema, creo que usted lo tiene claro, porque el meollo de la situación es meramente político. Mientras no se lleve al poder legislativo y ejecutivo, este mundo seguirá siendo la misma porquería de siempre. Mi trabajo está en la calle y el suyo en su lugar de trabajo- acotó dando ese tema por obvio, confiaba en que Nicholas tuviese ese punto más que considerado. Y Robert sabía que no era llegar y soltar gente armada a la calle, recordaba la conversación que había tenido unas noches atrás con esa bruja en un bar… un conflicto importante estaba ad portas, no obstante el cómo estallaría era un absoluto misterio y eso demandaba cuidado, no se podía predecir con exactitud el mundo mágico y un solo error podía costar la vida de millones de inocentes, algo que de seguro todas las autoridades muggles alrededor del mundo deseaban evitar a toda costa.
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Re: Crashing Skies | Privado, Robert H.

Mensaje por Invitado el Dom Ene 31, 2016 4:35 pm

Aquellas palabras lo hacía sentir que había llegado al lugar indicado, que no se había equivocado al haber ido a aquel lugar, al menos eso era lo que estaba sintiendo, todo se veía prometedor sin embargo se veía en la obligación de antes de emprender una fuerza comunicarle a Hegel aquella preocupación que venía a su mente —Me parece excelente su dedicación y sus capacidades, es justo lo que nuestro mundo necesita y créame que estaré más que contento con el trabajo que está por venir, sin embargo… Hay un tema que me viene a le mente y que sería pertinente hablar, es algo que hemos descubierto y que me gustaría compartir con usted— Y en ese momento hizo algo de memoria de las cosas que había estado leyendo en los últimos días, que había logrado oír inclusive de personas del propio ministerio de magia, algo que ellos en sus palabras “no estaban controlando” pero aún quedaba con sus dudas —Verá, hace ya días tuve un contacto con personal del ministerio, con los que son como sus policías, ellos llegaron a mí con la intención de obtener información de un llamado nuevo mal, un grupo de seres que al parecer poseen habilidades diferentes a la suyas— Le contaba calmadamente mirándolo a los ojos, sentía una confianza especial con él, quizá por el hecho de que ninguno era mágico y aunque sus trabajos fueran completamente diferentes, se podían sentir como iguales, como miembros de una misma sociedad a punto de ser segregados —Debo admitir que no les creía en un ciento por ciento, pues los magos tienen fama de tirar la piedra y esconder la mano pero había algo en su palabras… algo que me hacía pensar que incluso ellos podían estar sintiendo miedo— Le contaba a Hegel a partir de lo que recordaba de ese día.

—Es por eso que me interesa eso último que me dice, si tiene un modo de conocer un poco sobre lo que ellos están investigando sería una ayuda para nosotros usar dichos métodos, por ahora no quiero una guerra con los mágicos pero tampoco una alianza, llámeme rencoroso, pero después de tantos rechazos por parte de ellos a la hora de pedir una pequeña ayuda después de “una tragedia Muggle” como las llaman ellos— Le dijo haciendo comillas en el aire —Creo que prefiero no recurrir a ellos aunque nos acusen de estar llevando una amenaza desconocida a este mundo, no menosprecio sus hombres ni sus prácticas, pero debemos admitir que los mágicos tienen maneras de obtener información que solo ellos saben hacer y usar— Y concluyó con sus palabras, no quería darle discursos a Hegel que luego lo confundieran pero a veces tenia tantas cosas dentro que no podía evitar hacerlo.
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Re: Crashing Skies | Privado, Robert H.

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