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¿Quién quiere curarse si aún no ha sido herido? - Marshal Rowle-

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¿Quién quiere curarse si aún no ha sido herido? - Marshal Rowle-

Mensaje por Gabriel Jane Carrow el Sáb Dic 19, 2015 3:40 pm

Fuera de todo pronóstico o macabra broma del destino, la actual residencia de Jane se encontraba en aquel pintoresco Valle. El Valle era un lugar de fuerte confluencia con el más allá y sólo por eso ya dejaba de ser tan paradójico que decidiera vivir allí, bastante cerca del cementerio aunque estuviera rodeada de algún que otro muggle. Tiempo atrás había fijado allí su residencia con la esperanza de que sí él aparecía entendiera que ella pasaba de todo el rollo de la élite, estúpida ingenua.

Se trataba de una pequeña mansión que resumía perfectamente lo que Jane era ahora, el cómo la oscuridad estaba envenenándola poco a poco a base de un sutil juego de seducción en el que ella estaba cayendo gustosamente. Resultaba paradójico que quién creía que la empujaba hacia la oscuridad con su presencia fuera la razón por la que ella se había aferrado a la luz y que en su partida, le había hecho recurrir a la oscuridad pues de nada servía ser estrella sí no tenías un manto de oscuridad dónde descansar. Él había decidido, sin plantearse si quiera lo que ella pudiera querer, que Jane debía estar bajo el amparo de la luz, con sus aburridos y predecibles destellos de sol. Quedando así clara la separación entre ambos y recordándole que aunque ella pudiera moverse en sendos mundos pertenecía al día y jamás sería una criatura de la oscuridad Cool  y esa, esa premisa era su principal baza para todo lo que estaba por venir. Lo esperado. Lo que se podría esperar de ella tras todo lo sucedido, la rabia el cabreo y todo lo demás. Eso era lo que iba a mostrar ahora... por conveniencia. La artista beata también sabía pecar y no había castigo más humano para él que hacerle sentir culpable de cómo ella renuncia a su humanidad por su culpa. Esa iba a ser su gran venganza pues estaba segura que en el momento que ella perdiera su humanidad sería libre de Marshal a la par que este sería eternamente condenado pero, mientras conseguía llegar a lo alto de su honorable propósito maquinado hace unos instantes debía actuar cómo se esperaba.

Marshal reposaba en la cama de Jane, atadado a unas cadenas de magia blanca. A su alrededor creando un campo de magia, había unos cristales que protegían su cuerpo de cualquier espíritu quedando así él a su perfecta merced. Habían pasado 5 días desde que estaba retenido por Jane, quién se estaba encargando de mantener su cuerpo intacto. No había vuelto a hablar con él y mientras estuviera en ese estado podía cortar todo intento de interacción que él quisiera tener con ella. Mientras, en la realidad paralela del más allá que era la casa de Jane en la que Marshal se encontraba encarcelado a la casa de ella, mirara dónde este mirara sólo podía ver imágenes de todos estos años del sufrimiento de ella. La agonía, la desesperación ante la falta de él. Por todos lados, estaba reflejado el sufrimiento de ella. La necesidad de él y cómo poco a poco su ausencia le estaba matando. Fotografías, dibujos o simplemente el decorado, eran unas señales demasiado sutiles para que este idiota Very Happy lo hubiera percibido en aquel momento pero que ahora con ella quemándole los sesos parecía cobrar un nuevo sentido.

En algún momento, Jane cruza el otro lado y aparece en el marco de la puerta qué él le está dando la espalda. Mirándole fijamente, en un silencio penetrante hasta que es ella misma quién lo rompe.- Señor Rowle, disculpe la tardanza por no haber venido a atenderle antes. Tome asiento y cuénteme, ¿a qué honor debo su visita?-


Gabriel Jane Carrow
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