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Somebody tell me I should take...

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Somebody tell me I should take...

Mensaje por Gabriel Jane Carrow el Sáb Sep 05, 2015 5:23 am

Apartado dedicado a quotear aquellas frases o post que nos hayan hecho reir o sencillamente consideremos que son demasiado épicos cómo para no resaltarlos en nuestros anales históricos (?)

Empiezo:

Devil may cry  Cool :


@Némesis Rowle escribió: Y finalmente, tomo una de las manos de Gabriel, sintiendo aquella extraña y casi convulsionante sensación, tras la cual ambas teníamos, porque sí, que caer hechas cenizas. Cualquiera puede pensar que este ha sido el final, que invariablemente tenía que decir aquello que debe decirsele a una amiga cuando se esta llegando a la tapa del ataúd y casi puedo sentir, no sin satisfacción, el terror de ella al esperarlo. - No hagas nada que yo no haría Very Happy - y tras una helada niebla, Jane Carrow se queda sola.


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Re: Somebody tell me I should take...

Mensaje por Cydonia Burke el Jue Sep 17, 2015 3:44 am

Aquí les dejo un post relevante para la historia del foro...

@Hyde Lestrange escribió:Un Nigromante no podía sentir amor por nadie, apegarse verdaderamente a ningún ser vivo, más que para entablar conexiones carnales, caprichos, y deseos efímeros momentáneos. Esto, se debía, evidentemente a que el alma de estos seres no se encontraba más en aquel cuerpo, pues no eran dueños plenos de ella, la muerte mantenía su pago dentro de sus confines, dejándo los verdaderos sentimientos de un Mago Oscuro, lejos del alcance de cualquier mortal, para que estos no pudiesen inferir en las labores reales y útiles. En pocas palabras, estaban destinados a solo amar a La Oscuridad, a sentir pasión por el Sublime Caos y entregar sus horas a la Destrucción Absoluta, y eran libres no solo de no tener limite de tiempo en el Mundo para ser agentes de ello, sino de limitaciones morales, sociales o éticas, pues no había nada en ellos predispuesto a sentirlas, remitiéndose al placer a no extrañarlas. Así eran las Reglas, claras, simples, y catastróficas, hasta que habían caído en manos de Cydonia Burke, que en su mortalidad, había amado a un ser que no debería poder generar amor real en nadie, pues representaba la Oscuridad en si misma y no podía regresar ese amor, aunque así lo quisiera. Ella, negándose a aquella simple negación, y olvidándose de que existían más hombres malvados sobre la tierra, habría de encontrar la forma de dar con aquella Alma Maldita, y tocarla, abriendo una nueva puerta en las posibilidades, pues la solución se encontraba tan retorcida como su maquinadora: en el lado opuesto a la oscuridad, en aquellos seres que podían llegar al Mundo de los Muertos sin realizar pactos o atarse de forma alguna, y que podían visitar y entablar relaciones con las Almas Malditas, sin necesidad de maldecirse, pero Cydonia no era ninguno de estos seres, y jamás había deseado serlo, pues quería algo más que solo ser la enamorada del otro, ella quería ser la razón de sus días y el objetivo de todas sus maldades. Pero para esto, necesitaba un Medium y ella, los mediúms eran criaturas estúpidas y fácilmente manipulables, por lo que no le costo demasiado dar con una, obligándola a consumirse para que su propia alma pudiese visitar el más allá. La Nigromancia le permitío dejar presa a esta bondandosa mediúm el tiempo que le costase reunir las pistas necesarias, para volver su propio ser apto para volverse la compañera perfecta de la Oscuridad, pues una vez logrado el objetivo, no había hecho falta someter a Cydonia a prueba alguna, su temple era absoluto, y su resolución hacía lo que quería, indomable. Por lo que, mientras Hyde la ignoraba, ella había logrado domar a la oscuridad con sus propias manos, y a él poco a poco, hasta proponerle, en el momento justo en que sabía que no se podía negar, un ritual que lo ataría para siempre a ella, y que lograria unir sus almas en la oscuridad, eternamente. Ella, había logrado ganarle, en vez de someterse, determinando además, aquellas dos posiblidades como las únicas posibles para obtener una conexión verdadera con un ser cuya alma, ya no pertenecía a este Mundo, pues había que impresionar a la muerte, y eso, lo había logrado. Y por eso es que no había nadie más seguro que Madame Burke, del amor que le podía profesar su esposo, pues se había asegurado de ser la única esposa en la Tierra completamente segura de su fidelidad. Pero, lo que nunca se habrían podido imaginar aquellos dos seres, era que, así como había sido difícil enamorarse, lo sería experimentar el amor, con todas sus consecuencias, pues en ellos, los celos, aunque irónicos, se presentaban terriblemente enfermizos, y las pasiones, considerablemente destructivas, pues la pasión era un término demasiado modesto cuando se hablaba de defender la maldad, y para aquella pareja, esas efímeras palabras quedaban atrás con cada noche que compartían compañías, con cada mortal que utilizaban para despertar sus pasiones y cada pareja que veían morir en el tiempo, con el placer de verse el uno al otro. Y lo único que Hyde Lestrange no podía imaginarse era cuánto había podido suponer Cydonia Burke una amenaza para la supremacía de La Muerte, y como, el mismo, había hecho el único acto verdaderamente bondadoso por ella... Uniéndo su alma a la suya para que nadie pudiese tocarla.

Muy pocas personas podían decir que habían ganado el juego contra la oscuridad, hasta volverse sus aliados, ¿podían decirlo ellos, verdaderamente, la que parecía ser la única pareja en el Mundo que había vencido la barrera de la eternidad? ¿o era acaso un juego más, el peligro de desafiar juntos la única cosa que les quedaba verdaderamente por desafiar, lo que enardecía sus miradas cada instante?.
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Cydonia Burke
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